<?xml version="1.0" encoding="utf-8" standalone="yes"?><rss version="2.0" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"><channel><title>Pedagogía | guIA</title><link>https://guia.desdeelsur.org/tags/pedagogia/</link><atom:link href="https://guia.desdeelsur.org/tags/pedagogia/index.xml" rel="self" type="application/rss+xml"/><description>Pedagogía</description><generator>HugoBlox Kit (https://hugoblox.com)</generator><language>es-ar</language><lastBuildDate>Thu, 03 Sep 2026 00:00:00 +0000</lastBuildDate><image><url>https://guia.desdeelsur.org/media/sharing.png</url><title>Pedagogía</title><link>https://guia.desdeelsur.org/tags/pedagogia/</link></image><item><title>El aula, no el guion: sobre la habilidad más humana en la era de la IA</title><link>https://guia.desdeelsur.org/blog/el-aula-no-el-guion/</link><pubDate>Thu, 03 Sep 2026 00:00:00 +0000</pubDate><guid>https://guia.desdeelsur.org/blog/el-aula-no-el-guion/</guid><description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Sobre:&lt;/strong&gt; &amp;ldquo;The most human skill in the age of AI&amp;rdquo; — Maya Makarovsky, TEDxMIT.
(15 min).&lt;/p&gt;
&lt;hr&gt;
&lt;h2 id="el-argumento"&gt;El argumento&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;Maya Makarovsky abre confesando su historial de calculadora del teléfono, y de ahí pasa, en un paso corto, a la pregunta que sostiene toda la charla: si ya le pedimos a ChatGPT que redacte un agradecimiento de dos oraciones, ¿qué vamos a tercerizar después? El dato que elige para justificar la urgencia es de salud pública y no de nostalgia: uno de cada dos adultos experimenta soledad, con un aumento del 26% en el riesgo de muerte prematura —el equivalente, dice citando a la OMS, a fumar quince cigarrillos por día—. Optimizamos cómo nos comunicamos y no cómo nos conectamos, y la IA generativa no inventa ese problema: lo acelera, porque automatiza justo la parte de la interacción que menos entrenamos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;De ahí la inversión que le da título a la charla. La pregunta no es qué tan bien vamos a trabajar con máquinas, sino qué tan bien vamos a trabajar entre personas: si la IA sigue absorbiendo el trabajo técnico, lo que queda escaso —y por lo tanto valioso— es exactamente lo que ningún plan de estudios de ingeniería enseñó nunca. Makarovsky arma un manual de cuatro movimientos con anécdotas de sus viajes por programas del MIT a casi cincuenta países: buscar comprensión antes que acuerdo (llega a sugerir pedirle a un chatbot que explique el punto de vista ajeno antes de una conversación difícil); agrandar la torta en vez de pelearse por su reparto (una negociación en un bazar que termina en venta cruzada para el vendedor); diversificar los propios círculos (un equipo mixto de ingeniería y negocios construyendo un molino para un colectivo de mujeres en Ghana); y, lo más simple de nombrar y lo primero que se abandona bajo presión, mostrar que a uno le importa. Se recomienda: son quince minutos bien argumentados, con ejemplos concretos y sin la solemnidad habitual del género TED.&lt;/p&gt;
&lt;h2 id="el-formato-no-el-guion"&gt;El formato, no el guion&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;Hay algo que la charla ilustra sin decirlo, y conviene nombrarlo justo ahora que la IA abarata producir contenido y encarece sostener formato. Ninguno de los cuatro puntos de Makarovsky le llegó como información suelta: llegó encarnado en una estructura que alguien diseñó, presupuestó y sostuvo en el tiempo. El curso de negociación que menciona (11.011, un semestre con docente y compañeros fijos) pesa mucho más que el resumen de cuatro renglones que se puede sacar de él. El programa que la mandó a Ghana (MISTI) supuso meses de convivencia con el mismo equipo alrededor del mismo problema, no una anécdota portátil. Lo que en el MIT produce la disposición a negociar bien —y no apenas la lista de tácticas— es esa comunidad sostenida en el tiempo, y es justamente lo primero que se recorta cuando una institución siente la presión de &amp;ldquo;hacer más con IA&amp;rdquo;, porque no entra en una diapositiva: el guion de cuatro puntos sobrevive, comprimido, citable incluso por un chatbot; el semestre con docente, el viaje financiado, el equipo asignado por meses, no.&lt;/p&gt;
&lt;h2 id="hablar-hablarnos"&gt;Hablar, hablarnos&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;Coincido con la tesis central, y creo que hace falta decirla en voz alta: si la conversación cotidiana empieza a delegarse en el modelo, aprender a hablar —a negociar, a escuchar, a ceder sin perder— es una habilidad que hay que practicar a propósito o se atrofia. Pero la charla la enmarca como ventaja individual (&amp;ldquo;the real advantage in the age of AI&amp;rdquo;, dice, en el vocabulario de la empleabilidad), y ahí conviene empujar un paso más. No alcanza con que cada quien aprenda a hablar mejor si lo aprende para competir mejor en el mismo mercado que la IA viene a estrechar; hace falta, además, aprender a hablarnos: sostener una conversación colectiva que no se disuelve apenas termina el proyecto que la convocó, que decide en conjunto qué vale la pena discutir y no sólo cómo cada uno negocia mejor su parte. Esa distinción, entre la competencia conversacional como capital personal y la comunidad como estructura que permanece, es otra vez lo que el propio formato del MIT demuestra sin decirlo: lo que volvió mejor negociadora a Makarovsky no fue una técnica que aplicó sola, sino haber estado, una y otra vez, obligada a hablar con otros dentro de una estructura que no podía abandonar a mitad de camino.&lt;/p&gt;
&lt;h2 id="lo-que-queda-pendiente"&gt;Lo que queda pendiente&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;Los dos ejemplos más vívidos de la charla —el regateo en el bazar, el molino en Ghana— son, además de ilustraciones legítimas de &amp;ldquo;agrandar la torta&amp;rdquo; y &amp;ldquo;diversificar los círculos&amp;rdquo;, transacciones que corren en una sola dirección. Un equipo del MIT viaja al Sur global a construir infraestructura para un colectivo de mujeres y vuelve con la historia de liderazgo; quien ya tiene el pasaje y el programa institucional detrás (MISTI) es quien practica, sin costo propio, la habilidad de &amp;ldquo;diversificar los propios círculos&amp;rdquo;, y quien se queda con el molino no necesariamente se queda también con el relato. Nada de esto vuelve falsa la recomendación —el molino funciona, y la negociación en el bazar fue real y benefició a las dos partes—, pero sí deja abierta una pregunta que quince minutos no alcanzan a hacerse: si el programa que propone Makarovsky puede ejecutarse sin profundizar exactamente la distancia entre el Norte y el Sur global que sus propios ejemplos, sin proponérselo, ilustran.&lt;/p&gt;</description></item></channel></rss>